Voto por correo

El sábado me pasé por el Ayuntamiento a ver las listas del censo, y como me esperaba después de leer el bando no estoy: se cerraron el 1 de noviembre, yo vine a Las Rozas el 11 y me empadroné sobre el 20 o por ahí… Así que entré a reclamar, que para eso están, ¿no? Pues no: lo único que se puede reclamar son errores (DNI, nombre, o que faltes) a esa fecha, 1 de noviembre. No puedes ir a decir «oye, que me parece de pm lo del 1 de noviembre, pero es que eso fue hace dos meses y medio y aún faltan casi que otros dos para las elecciones, y yo si que estoy ahora aquí». En fin…

Así que esta tarde que he salido a mi hora del trabajo me he pasado por la oficina de correos a pedir los papelotes para el voto por correo: rellenas el formulario, y al cabo de unos días te llega a casa por correo certificado el «kit» completo. Curioso (lógico más bien) que una de las cosas que advierten es que si haces la solicitud de voto por correo, no puedes luego ir a votar a la mesa electoral que te tocara. Y eso es lo que hay, ahora a esperar pacientemente el kit de votante postal, que supongo que será una colección de todas las papeletas de colorines de los distintos partidos de impresentables con opciones a gobernarnos. Pero alguno hay que elegir.

La verdad es que soy de los que, más que ganas de votar, tienen ganas de rebotarse. Es que no me gusta ninguno. :-/ De hecho las primeras 2 ó 3 elecciones en las que tuve edad de votar pasé hasta’l culo de hacerlo. Creo que el punto de inflexión en el que me decidí a votar fue hace unos años cuando estuve en Alemania, que fue cuando la guerra de Irak: allí la gente me preguntaba que por qué YO estaba de acuerdo en ir a la guerra. «¿YO? ¿Mandeee?» «Si, si. Si a Ansar lo habéis elegido los españoles y él va a la guerra es que vosotros estáis de acuerdo. Si no estuviérais de acuerdo, vuestro presidente no haría eso.» ¿? Mételes en la cabeza que hubo chorrocientas manifestaciones en contra y que aún así el bigotes se empeñó en jugar a la guerra (ya podría haber llamado a Gila). Así que desde entonces si que voto, pero no al que más me guste, si no al que pienso que menos vergüenza ajena me van a dar los fregaos en los que nos pueda llegar a meter.

Elegir el mal menor.

Qué triste, ¿no?

7 comentarios sobre “Voto por correo”

  1. Curiosa actitud la de los alemanes de los que hablas.
    Supongo que dependerá de con quien te topes. Los pocos que conozco yo llevan dos generaciones soportando la vergüenza de lo que hicieron sus dirigentes hace casi 70 años. Y eso que los pocos que quedan que estaban vivos por entonces ahora están bailando «Los pajaritos» en Benidorm.
    Así que el tema les duele en carne propia y si tienen dos dedos de frente saben ser comprensivos con la paja en el ojo ajeno.

  2. Si, si les contestaba con «vosotros también elegisteis democráticamente a Hitler» se hacía el silencio. «No, eso es una época de la que no nos gusta hablar…» Balón fuera.
    Pero en fin, la batallita ésta de Alemania era sólo para ilustrar el punto de que aunque a la hora de ir a votar no haya ningún partido ni candidato que realmente me guste, si que hay matices y si que tengo claro quien NO quiero que gobierne.

  3. A mi me pasó al revés…
    Empecé a votar con una ilusión…
    Ahora ya no tengo ganas…
    Aunque se que debo hacerlo por tod@s l@s que han hecho posible que podamos decir que basura no gusta más. Que aún siendo basura, la puedes elegir.
    Saludos.

  4. Eso es lo que me decía mi padre XD siempre que yo le decía que pasaba de ir a votar: que por lo menos ahora podemos, y antes no se podía.
    Y lo que se suele decir también de que la democracia no es perfecta, pero es mejor que las demás alternativas.

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