Fallece Richard Wright de Pink Floyd

El pasado lunes murió de cáncer a los 65 años Richard Wright, miembro fundador y teclista de Pink Floyd.

Aunque no tan prolífico como Waters y Gilmour, Wright aportó su granito de arena en la composición de bastantes de las canciones del grupo, entre ellas Time del genial The Dark Side of the Moon. ¿Quién no ha tenido alguna vez la sensación, echando la vista atrás, de haber estado perdiendo el tiempo, haber esperado años a que algo pasara o pusiera en marcha ciertos acontecimientos en lugar de habernos levantado del sillón y habernos puesto en marcha nosotros?


Ticking away the moments that make up a dull day
You fritter and waste the hours in an offhand way.
Kicking around on a piece of ground in your home town
Waiting for someone or something to show you the way.

Tired of lying in the sunshine staying home to watch the rain.
You are young and life is long and there is time to kill today.
And then one day you find ten years have got behind you.
No one told you when to run, you missed the starting gun.

So you run and you run to catch up with the sun but it’s sinking
Racing around to come up behind you again.
The sun is the same in a relative way but you’re older,
Shorter of breath and one day closer to death.

Every year is getting shorter never seem to find the time.
Plans that either come to naught or half a page of scribbled lines
Hanging on in quiet desperation is the English way
The time is gone, the song is over,
Thought I’d something more to say.

Traducción en musica.com.

Solaris

Llevo una temporada de leer poquísimo, me da pereza coger un libro y cuando me pongo no me engancha, me aburre, lo dejo, igual empiezo otro, cuando retomo el primero al cabo de semanas y ya no me acuerdo por dónde iba… En resumen, que igual llevo un par de libros y algún cómic a corro durante meses y lo único que acabo es el cómic (porque es más corto).

Ahora con la baja estoy esforzándome en leer un poco más, y mira por dónde, ¡uno que de verdad me ha gustado! Y no es para menos, es un clásico de la ciencia-ficción que hace tiempo que lo tenía en la lista de pendientes: Solaris, del genial (y no muy conocido) Stanislaw Lem.

El tema principal gira entorno al primer contacto de la humanidad con un ser extraterrestre, pero tan distinto de cualquier forma de vida que pudiéramos imaginar que durante años de expediciones en el planeta donde habita éste ser, ni él ni los humanos llegan a darse cuenta de que el otro está vivo y tiene consciencia de sí mismo e inteligencia. Y aún así una vez que se hace patente que tanto uno como los otros se han dado cuenta de que «hay alguien más», la comunicación parece imposible. Después de un siglo de estudios, toda la literatura «Solarística» lo único que recoge son descripciones muy detalladas de las distintas manifestaciones de éste ser y varias corrientes de teorías sobre qué es, motivaciones, etc., pero ninguna probada y demostrada. Según la jerarquía de Ender sería un varelse.

Sin embargo aunque en ningún momento hay una comunicación real entre ambas especies, el alienígena es capaz de leer la mente humana mientras los protagonistas duermen y reproducir objetos a partir de sus recuerdos, hasta el punto de ser capaz de crear réplicas vivas de personas de las que los protagonistas guardan una fuerte impresión en su memoria. Pero éstos seres parecen ser independientes de su «padre», no actúan en ningún momento como emisarios de éste ni son al principio conscientes de ser «artificiales», si no que se comportan igual que lo hubiera hecho su modelo original, la persona a la que representan: ademanes, gestos, personalidad, recuerdos (aunque sólo tienen los que posee la persona de cuya memoria han sido «copiados»). La comunicación entre éstos seres y los protagonistas no es entre especies distintas, es la misma que hubiera habido entre el protagonista y la persona a la que representa cada copia.

Y aquí es donde entra en juego el tema más profundo del libro, que como os imaginaréis es el mismo de Blade Runner (si bien Solaris, de 1961, es anterior a ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, del 68): ¿Qué es lo que nos hace ser humanos? Las copias, idénticas a los originales, con recuerdos, consciencia, inteligencia, personalidad, ¿son humanas? ¿Y hasta dónde podemos llegar a aceptarlos, sabiendo que son copias? ¿Cómo estamos seguros de no ser una copia nosotros mismos? La evolución de los personajes es curiosa: el protagonista, que al principio recibe a su «replicante» con miedo y rechazo, poco a poco se va acostumbrando a su presencia, le recuerda tanto (es exactamente como) una persona querida que perdió que finalmente prefiere no volver a la Tierra, quedarse en Solaris en el que sólo hay una estación científica escasamente poblada para no volver a perder a ésta persona, aún a sabiendas de que no es un ser humano «real»; mientras que la chica, que la principio no es consciente de su origen ni entiende el comportamiento del protagonista, poco a poco va dándose cuenta de lo que pasa, descubre que es una copia en base a los recuerdos de una persona real, finalmente se sacrifica para que no sea el protagonista el que lo haga quedándose en un planeta prácticamente desierto por seguir a su lado. De alguna forma ella se va humanizando movida por el amor hacia el protagonista, mientras que por el mismo motivo él no es que se deshumanice, pero si que decide aislarse de la humanidad, encerrándose en su mundo por estar acompañado de éste «fantasma». Da que pensar.

El libro se ha llevado al cine dos veces: en el 72 de manos de un director y reparto ruso, considerada un clásico y de la que he leído muy buenas críticas, si bien es un poco difícil de entrarle porque bueno… es en ruso :-D ; y en el 2002 con George Clooney como protagonista (no sé qué esperar de ésta versión). Me estoy bajando las dos, ya os contaré que tal. :-)

PD: próximo libro en la pila de lecturas pendientes: Valis, de Philip K. Dick.