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¡Por las barbas de Hari Seldon!

No sé si alegrarme y llenarme de expectativas, o echarme a temblar: según SlashDot se están preparando dos películas basadas en obras de Isaac Asimov, una de ellas de La Fundación.

Todos los que hayáis leído la saga seguro que habéis pensado en algún momento cómo era posible que no se hubiera llevado (o intentado llevar) al cine. La historia es larga y compleja, manteniendo un hilo narrativo a lo largo de varias épocas y con personajes y situaciones muy dispares y continuas referencias hechos, acciones y decisiones anteriores y sus implicaciones en el curso de la historia futura. Es una historia que en libro está muy bien pero en cine, y más a lo largo de varias películas, es complejo mantener la atención del espectador palomitero medio. Aunque como comentan en SlashDot, El Señor de los Anillos tampoco era fácil y no ha quedado mal, y Watchmen tres cuartos de lo mismo y por ahora pinta bien.

Retorno de las estrellas

Verás…, imagínate una reunión de mundos. Primero rosa, un espacio infinito del rosa más fino y pálido, y en él, penetrando en él, un segundo espacio ya más oscuro y después de un rojo ya casi azulado, pero muy lejos, y rodeándolo todo, la fosforescencia, sin gravedad, no como una nube ni como la niebla…, diferente. No encuentro palabras para explicarlo. Salimos los dos del cohete y lo contemplamos. Eri, no lo comprendo. Verás, incluso ahora siento un nudo en la garganta, de tan hermoso que era. Piensa esto: allí no hay vida. No hay plantas, ni animales, ni pájaros, nada, ningunos ojos que puedan contemplarlo. Estoy completamente seguro de que desde la creación del mundo nadie lo había visto, y Arder y yo fuimos los primeros. Y si nuestro gravímetro no se hubiera estropeado, por lo que tuvimos que aterrizar allí para arreglarlo, pues el cuarzo estaba roto y se había escapado el mercurio, nadie habría estado allí hasta el fin del mundo, nadie lo habría visto. ¡Es realmente misterioso! Se tienen unos deseos directos… Oh, no sé… No podíamos irnos, sencillamente. Olvidamos por qué habíamos aterrizado y permanecimos quietos, mirando.

¿Qué te ha demostrado Starck? ¿La inutilidad de la cosmodromía? ¡Como si no lo supiéramos nosotros mismos! ¿Y los polos? ¿Qué había en los polos? Los hombres que los conquistaron sabían muy bien que allí no había nada. ¿Y la Luna? ¿Qué buscaba el grupo de Ross en el cráter Eratóstenes? ¿Brillantes? ¿Y por qué Bant y Yegorin han atravesado el centro del disco de Mercurio? ¿Para adquirir un buen bronceado? ¿y Kellen y Offshag? Lo único que sabían cuando volaron a la fría nube de Cerbero era que allí se puede perder la vida. ¿Has entendido lo que Starck dice realmente? El hombre ha de comer, beber y vestirse; todo lo demás es una locura. Todos tenemos nuestro propio Starck, Bregg. Cada era lo ha tenido. ¿Para qué os envió Gimma a ti y a Arder? Para que recogierais muestras con el succionador Corona. Pero ¿quién envió a Gimma? La ciencia. Qué profesional suena esto, ¿verdad? El conocimiento de las estrellas.

Bregg, ¿crees que no hubiéramos volado, de no existir las estrellas? Yo creo que sí. Habríamos querido conocer el espacio, para justificar el todo de alguna manera. Geónidas o cualquier otro nos diría qué mediciones y descubrimientos valiosos se pueden hacer por el camino. No me interpretes mal. No estoy afirmando que las estrellas sean solamente un pretexto… El polo tampoco lo fue; Nansen y Andree lo necesitaban… El Everest fue más necesario para Irving y Mallory que el aire mismo.

Retorno de las estrellas, Stanis?aw Lem

Solaris

Llevo una temporada de leer poquísimo, me da pereza coger un libro y cuando me pongo no me engancha, me aburre, lo dejo, igual empiezo otro, cuando retomo el primero al cabo de semanas y ya no me acuerdo por dónde iba… En resumen, que igual llevo un par de libros y algún cómic a corro durante meses y lo único que acabo es el cómic (porque es más corto).

Ahora con la baja estoy esforzándome en leer un poco más, y mira por dónde, ¡uno que de verdad me ha gustado! Y no es para menos, es un clásico de la ciencia-ficción que hace tiempo que lo tenía en la lista de pendientes: Solaris, del genial (y no muy conocido) Stanislaw Lem.

El tema principal gira entorno al primer contacto de la humanidad con un ser extraterrestre, pero tan distinto de cualquier forma de vida que pudiéramos imaginar que durante años de expediciones en el planeta donde habita éste ser, ni él ni los humanos llegan a darse cuenta de que el otro está vivo y tiene consciencia de sí mismo e inteligencia. Y aún así una vez que se hace patente que tanto uno como los otros se han dado cuenta de que “hay alguien más”, la comunicación parece imposible. Después de un siglo de estudios, toda la literatura “Solarística” lo único que recoge son descripciones muy detalladas de las distintas manifestaciones de éste ser y varias corrientes de teorías sobre qué es, motivaciones, etc., pero ninguna probada y demostrada. Según la jerarquía de Ender sería un varelse.

Sin embargo aunque en ningún momento hay una comunicación real entre ambas especies, el alienígena es capaz de leer la mente humana mientras los protagonistas duermen y reproducir objetos a partir de sus recuerdos, hasta el punto de ser capaz de crear réplicas vivas de personas de las que los protagonistas guardan una fuerte impresión en su memoria. Pero éstos seres parecen ser independientes de su “padre”, no actúan en ningún momento como emisarios de éste ni son al principio conscientes de ser “artificiales”, si no que se comportan igual que lo hubiera hecho su modelo original, la persona a la que representan: ademanes, gestos, personalidad, recuerdos (aunque sólo tienen los que posee la persona de cuya memoria han sido “copiados”). La comunicación entre éstos seres y los protagonistas no es entre especies distintas, es la misma que hubiera habido entre el protagonista y la persona a la que representa cada copia.

Y aquí es donde entra en juego el tema más profundo del libro, que como os imaginaréis es el mismo de Blade Runner (si bien Solaris, de 1961, es anterior a ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, del 68): ¿Qué es lo que nos hace ser humanos? Las copias, idénticas a los originales, con recuerdos, consciencia, inteligencia, personalidad, ¿son humanas? ¿Y hasta dónde podemos llegar a aceptarlos, sabiendo que son copias? ¿Cómo estamos seguros de no ser una copia nosotros mismos? La evolución de los personajes es curiosa: el protagonista, que al principio recibe a su “replicante” con miedo y rechazo, poco a poco se va acostumbrando a su presencia, le recuerda tanto (es exactamente como) una persona querida que perdió que finalmente prefiere no volver a la Tierra, quedarse en Solaris en el que sólo hay una estación científica escasamente poblada para no volver a perder a ésta persona, aún a sabiendas de que no es un ser humano “real”; mientras que la chica, que la principio no es consciente de su origen ni entiende el comportamiento del protagonista, poco a poco va dándose cuenta de lo que pasa, descubre que es una copia en base a los recuerdos de una persona real, finalmente se sacrifica para que no sea el protagonista el que lo haga quedándose en un planeta prácticamente desierto por seguir a su lado. De alguna forma ella se va humanizando movida por el amor hacia el protagonista, mientras que por el mismo motivo él no es que se deshumanice, pero si que decide aislarse de la humanidad, encerrándose en su mundo por estar acompañado de éste “fantasma”. Da que pensar.

El libro se ha llevado al cine dos veces: en el 72 de manos de un director y reparto ruso, considerada un clásico y de la que he leído muy buenas críticas, si bien es un poco difícil de entrarle porque bueno… es en ruso :-D ; y en el 2002 con George Clooney como protagonista (no sé qué esperar de ésta versión). Me estoy bajando las dos, ya os contaré que tal. :-)

PD: próximo libro en la pila de lecturas pendientes: Valis, de Philip K. Dick.

"El futuro ya no es lo que era" – Arthur C. Clarke (1917-2008)

Varios medios traen la triste noticia del fallecimiento ésta madrugada de Arthur C. Clarke, uno de los grandes escritores de ciencia-ficción y científicos del siglo pasado, autor de obras maestras como 2001: Una odisea espacial, Cita con Rama o El fin de la infancia. Como científico será recordado entre otras cosas por la popularización del uso de la órbita geoestacionaria o geosíncrona para los satélites de comunicaciones, y proyectos que tal vez veamos fructificar en unos años como el ascensor espacial.

“SAL: Doctor Chandra, ¿Soñaré?

Chandra: Desde luego que soñarás. Todas las criaturas inteligentes sueñan, pero nadie sabe por qué. Tal vez sueñes con HAL.”

— 2010, odisea dos.