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¿Por qué le llaman debate cuando quieren decir monólogo?

Anoche tuve puesto el «debate» en la tele mientras iba haciendo otras cosas. No es que le prestara mucha atención, pero si que lo iba escuchando a ratos.

¿Soy yo o me da la impresión de que éstos dos no hicieron por escucharse ni dialogar en ningún momento? No es que me sorprenda porque es a lo que nos tiene acostumbrados la clase política de éste país, pero se supone que en un debate cada parte expone su posición y el otro trata de rebatirla, ¿no? Esta claro que ninguno va a convencer al otro de que se «cambie de bando», pero coño, al menos que haya un «pulso» de opiniones y motivos.

A mi me pareció que en la primera parte del debate cada cual se dedicó a recitar de memoria lo que los asesores les habían preparado, pasando por alto olímpicamente cualquier pregunta del otro (a esto yo le llamo monólogo, no debate ni mucho menos diálogo); y en la segunda parte sacaron los cuchillos y tiraron a la yugular con la visceralidad y los argumentos de siempre, los que llevan repitiendo candidato tras candidato, año tras año (y a esto le llamo carnaza patética y riña de patio de colegio, no debate). Sólo les faltó llamarse «tonto», decirse «ya no te ajunto» y amenazar con traer al primo de Zumosol, porque algún «y tú más» en lo negativo y «pues yo el doble» en lo positivo si que hubo.

Si lo que queda de campaña va a ser así, y no tengo motivos para pensar lo contrario, creo que ya he visto bastante. Más de lo mismo.

Y tener que elegir entre uno de éstos dos… hay que joderse. :-/

Voto por correo

El sábado me pasé por el Ayuntamiento a ver las listas del censo, y como me esperaba después de leer el bando no estoy: se cerraron el 1 de noviembre, yo vine a Las Rozas el 11 y me empadroné sobre el 20 o por ahí… Así que entré a reclamar, que para eso están, ¿no? Pues no: lo único que se puede reclamar son errores (DNI, nombre, o que faltes) a esa fecha, 1 de noviembre. No puedes ir a decir «oye, que me parece de pm lo del 1 de noviembre, pero es que eso fue hace dos meses y medio y aún faltan casi que otros dos para las elecciones, y yo si que estoy ahora aquí». En fin…

Así que esta tarde que he salido a mi hora del trabajo me he pasado por la oficina de correos a pedir los papelotes para el voto por correo: rellenas el formulario, y al cabo de unos días te llega a casa por correo certificado el «kit» completo. Curioso (lógico más bien) que una de las cosas que advierten es que si haces la solicitud de voto por correo, no puedes luego ir a votar a la mesa electoral que te tocara. Y eso es lo que hay, ahora a esperar pacientemente el kit de votante postal, que supongo que será una colección de todas las papeletas de colorines de los distintos partidos de impresentables con opciones a gobernarnos. Pero alguno hay que elegir.

La verdad es que soy de los que, más que ganas de votar, tienen ganas de rebotarse. Es que no me gusta ninguno. :-/ De hecho las primeras 2 ó 3 elecciones en las que tuve edad de votar pasé hasta’l culo de hacerlo. Creo que el punto de inflexión en el que me decidí a votar fue hace unos años cuando estuve en Alemania, que fue cuando la guerra de Irak: allí la gente me preguntaba que por qué YO estaba de acuerdo en ir a la guerra. «¿YO? ¿Mandeee?» «Si, si. Si a Ansar lo habéis elegido los españoles y él va a la guerra es que vosotros estáis de acuerdo. Si no estuviérais de acuerdo, vuestro presidente no haría eso.» ¿? Mételes en la cabeza que hubo chorrocientas manifestaciones en contra y que aún así el bigotes se empeñó en jugar a la guerra (ya podría haber llamado a Gila). Así que desde entonces si que voto, pero no al que más me guste, si no al que pienso que menos vergüenza ajena me van a dar los fregaos en los que nos pueda llegar a meter.

Elegir el mal menor.

Qué triste, ¿no?