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Viaje a Islandia, tercer día

El domingo 5 amanecimos en Laugarvatn. Desayunamos en el albergue, que como he dicho eran tres casas y el comedor no estaba en la nuestra, había que andar unos 150-200m. Y a todas luces era la casa de los dueños, con el comedor y una terraza cubierta habilitadas para dar de comer a los huéspedes! Había las típicas fotos de la boda, los padres, los abuelos … era como estar en casa de unos amigos o unos familiares, como comentaba en el post anterior este albergue era el más acogedor de todos porque tenías la sensación de estar en casa de alguien.

Después del desayuno nos fuimos a Kerið, el cráter de un volcán ya inactivo que ahora tiene un lago en su interior. Está al lado de una carretera y no hay que subir mucho (no es una montaña, una pequeña elevación con el cráter a más profundidad) con lo que el acceso es fácil. Es bastante curioso de ver, yo le di toda la vuelta al cráter y bajé al fondo a ver el lago.

Después de Kerið pasamos por Skálholt y luego comimos en Reykholt, un cordero empanado que no estaba nada mal, y una tarta con dulce de leche y caramelo … buuuffff …

IMG_0609De Reykholt fuimos a Árnes, donde estaba el albergue en el que haríamos noche dos días seguidos. Pintoresco cuanto menos. Árnes es diminuto, no lo llamaría ni pueblo, es una gasolinera, el albergue y cuatro casas. Tal cual. ¡Mirad el mapa! El albergue es donde pone Nónsteinn, la gasolinera Árbor, la recepción/cocina/comedor/bar donde pone Arnes … y no había mucho más! El albergue en sí era un barracón prefabricado, con un comedor y cocina más o menos amplios y tres baños para 10 habitaciones. Las habitaciones diminutas, con dos camas y un pequeño lavabo. Y la recepción en el otro edificio… pintoresca. Entramos y no había nadie en el mostrador, y a la izquierda separado por una cortinilla de cuentas de plástico brillante un barecito con tres o cuatro abueletes viendo un concierto de Johnny Cash con un proyector. Tuve la sensación de estar en la Islandia profunda, pues un poco más al fondo. Y la pinta del bar … esperaba que en cualquier momento uno de los allí presentes sacara los colmillos y se liara a mordiscos con el personal (puede que esta impresión fuera porque me llevé True Blood en el iPod para ir viéndola en el avión, aunque más que Fangtasia lo que me vino a la cabeza fue el bareto de Near Dark).

Dejamos las maletas y nos fuimos para Tungufellsdalur, un valle con un río al que desembocan muchos pequeños afluentes y cascadas, aunque no vimos gran cosa (supongo que será más en el deshielo en primavera)  y luego pasamos por Brúarhlöð, una garganta de roca erosionada por un río con formaciones bastante curiosas. Y de ahí hacia el norte, por la misma carretera que recorrimos el día anterior para ir a Gullfoss, hacia las highlands.
La verdad es que queríamos llegar hasta un punto entre los glaciares Langjökull y Hofsjökull que en un mapa que cogí en el aeropuerto venía marcado con un troll (un mapa muy cachondo, aparte de varios sitios curiosos de ver, históricos, etc. había zonas marcadas con trolls y fantasmas :-?) pero al final no llegamos ni a mitad de camino, aquí es donde las carreteras de Islandia nos marcaron el «carreteras islandesas 1, españolitos sin todo terreno 0»: pocos kilómetros pasado Gullfoss la carretera dejaba de estar asfaltada y pasaba a ser un camino de tierra y grava. Los límites de velocidad en Islandia son de 90Km/h en carreteras asfaltadas y 80 en las que no lo están, pero por esta era imposible ir a más de 60-70. Llegado un momento decidimos girar a la izquierda y acercarnos al glaciar Lagjökull, pero ahí la carretera ya era sólo grava, piedra suelta. 20Km/h. Así que al cabo de un rato por esa carretera decidimos parar, sacar cuatro fotos, y dar media vuelta. ¿El paisaje de las highlands? Piedra, roca y montaña y glaciares al fondo, sin ningún signo de civilización aparte del camino. La Luna, Marte. Otro planeta.

Highlands

De vuelta decidimos volver a probar suerte para la cena en el restaurante que el día antes en Laugarvatn estaba ya cerrando la cocina, y si, esta vez llegamos a tiempo. ;-) ¡Y probé la carne de ballena! Bastante buena, muy tierna, con un sabor entre la ternera y el hígado y la textura tierna del hígado. Y de postre un mousse de chocolate que en palabras del camarero era «el mejor del mundo según la guía Lonely Planet» pero que para mi gusto no le llegaba ni a los tobillos al mousse de chocolate amargo con tropezones que hacían en el Astorga. ;-) Después de la cena vuelta al barracón de Árnes y a cargar baterías para el día siguiente.